Lo cierto es que el demonio tenía un plan como suyo; que la jueza y el magistral estuvieron á punto de perderse, allá en lo recóndito de la intención por lo menos; pero, como al diablo lo que más le agrada son las diabluras, en cuanto le infundió al chico de la jueza la tentación de tocar la carraca á deshora, todo lo demás se le olvidó por completo, y dejando en paz, por aquella noche, las almas de los justos, gozó como un niño con la tentación de los inocentes.

Cuando Satanás, á la hora del alba, envuelto por obscuras nubes, volvía á sus reales, encontró en el camino del aire á los ángeles de la víspera. Oyeron que iba hablando solo, frotándose las manos y riendo á carcajadas todavía.

—¡Es un pobre diablo!—dijo uno de los ángeles.

—¡Y ríe!—exclamó otro.—Y ríe en la condenación eterna...

Y callaron todos, y siguieron cabizbajos su camino.

DOCTOR ANGELICUS

I

¿Pánfilo había sido niño alguna vez? ¿Era posible que aquellos ojos hundidos, yo no sé si hundidos ó profundos, llenos de bondad, pero tristes y apagados, hubieran reverberado algún día los sueños alegres de la infancia?

Aquella boca de labios pálidos y delgados, que jamás sonreía para el placer, sino para la resignación y la amargura, ¿habría tenido risas francas, sonoras, estrepitosas?