Cuando volvió al sentido y abrió los ojos, vió delante, en un papel blanco, unas palabras, que se le antojaban escritas con una tinta de color de rosa.
Leyó: “... podrá ver cada cual, y mejor el filósofo, que, sea lo que quiera de la propia fortuna...”
Pánfilo cogió con gran parsimonia la pluma, y concluyó el párrafo: “... la humanidad, en conjunto, prospera, y es feliz en esta tierra con la conciencia del progreso y del fin bueno que aguarda al cabo á todas las criaturas. Para el que sepa elevarse á esta contemplación del bien general, como el más importante aun para el propio interés, bien puede decirse que el cielo comienza en la tierra”.
Pánfilo había terminado su obra, la obra de su vida entera, la que le había gastado el cerebro y los ojos.
Por cierto que sintió en ellos algo extraño; miraba á todas partes, y aquel matiz halagüeño que veía en la tinta, dominaba en todos los objetos.
¡Pobre doctor! Se había declarado la enfermedad cuyos síntomas no había conocido: el Daltonismo.
Desde aquel día Pánfilo todo lo vió de color de rosa.
NOTA. Pánfilo, en griego, viene á ser el que todo lo ama.
Lo cual en castellano significa: Quien más pone, pierde más.
En cuanto á Eufemia, siguió viviendo convencida: primero, de que su esposo era un sabio; segundo, de que amarle era su obligación.