—Prescindo de la forma y me voy al fondo.
—Sí, ya sé; al fondo de la tumba. Es usted el topo de la poesía...
—¡Bonita frase! Ahora oiga usted... Primera parte: “Idilio del subsuelo”.
I
Llegaron los gusanos
á devorar su corazón de cieno;
en su sangre cebáronse inhumanos,
y los mató el veneno.
—¿Qué tal?
—Que les está bien empleado. ¿Quién les manda ser inhumanos á esos gusanillos?
—Esto de llamar inhumanos á los seres irracionales, no es cosa mía; lo he visto en un poeta que lee en el Ateneo.
—No; si yo no me quejo. Ya ve usted: á mí, ¿qué me importa? Yo no soy gusano.