Se levanta á las doce, porque trasnocha, y se va muy peripuesta á Las Carolinas en el momento preciso en que no se puede dar un paso por los corredores.
Se da algunos días, cuando hay muchos espectadores sin chaleco, un baño de arena y de malicia. Usa bañero, que como no trae chaleco, no se hace acreedor á su desprecio.
Al obscurecer la veréis en las Termópilas de la calle Corrida, dando “los codazos que daba Mesalina” en las estrecheces de la acera, delante de Colón.
De noche, ya se sabe, en las Catacumbas de Dindurra, esto es, en el Teatro Cómico, que no se da un aire al de Lara porque allí no hay aire ni para eso. Total, que la de Pinillos no respira en todo el día. Vive del aire que lleva en la cabeza.
¿Ama? Sí, ama, según su género (algodón) á un joven, también triguero, que tiene un traje para cada hora del día. ¿Qué digo cada hora? La indumentaria de este sietemesino puede reemplazar á un reloj de sol, porque va cambiando según el astro rey sube y baja por el espacio. Fijaos bien y veréis que el sombrero de Juanito Pinabete y Conífera no es absolutamente el mismo á las once que á las once y cuarto.
Pero ¡ay! Pinabete está llamado á desaparecer del corazón de trapo de Agripina. Porque acaba de llegar un teniente armado de todas armas, el cual tiene tantos trajes como Juanito, más el uniforme que á última hora se viste para deslumbrar á Agripina con todos aquellos cordones, bordaduras y cimeras...
Y Pinabete no tiene uniforme; lo cual le hace suspirar exclamando:
¡Si yo fuera... siquiera bombero!
Para terminar:
Dicho sea en honor, ó en deshonor, según se mire, de Agripina la de Casa-Pinar.