¿Por qué no me sacan de cimientos? ¿Por qué no me construyen de una vez? ¿Por qué no me cubren, á lo menos, para librarme de la intemperie? Por avaricia, por indiferentismo.

LA CAPILLA

Como el pino del Norte suspiraba por la palmera del Mediodía, podemos amarnos y entendernos, ¡oh catedral católica!, tú desde tu vericueto de Covadonga, yo desde este desierto madrileño...

LA CATEDRAL

No diré yo tanto. Nada de coaliciones imposibles. Quéjate tú por tu cuenta, y yo me lamentaré por la mía. No somos hermanas. Non possumus. Somos un contraste.

LA CAPILLA

Como quieras. Pero de nuestra antítesis sale una armonía elocuente. Á mí no me dejan abrirme y ya estoy construída. Á ti te abrirán sin inconveniente, pero no te construyen. Si no fuera absurdo se podría decir que quien sale perdiendo es Dios, que tiene dos templos menos.

LA CATEDRAL

En otros siglos, valga la verdad, no te dejarían abrirte tampoco, y hasta se atreverían á derribarte; pero, en cambio, á mí me construirían en poco tiempo, con entusiasmo, á la voz de la fe viva y ardiente.

LA CAPILLA