La tarde del mismo día. Calle de aldea, solitaria, delante de la casucha del señor Paco. El alcalde y dos hombres mal encarados, vestidos á lo ciudadano, pero con mala ropa, se acercan al señor Paco, sentado á la puerta de su casa.
EL ALCALDE
¡Ea, señor Paco, esto se acabó! La paciencia y todo, se acaba.
EL SEÑOR PACO
¿Qué quiere usted decir, señor alcalde?
EL ALCALDE
Que estos señores vienen á tomar posesión de lo que es suyo. Que esta casa ya no es de usted. Que usted ha dejado que la Hacienda se incautase de sus bienes y sin mezclarse usted en nada, despreciando la ley, como si ésta no tuviera que cumplirse, ha visto sin moverse que, paso tras paso, como pide la justicia, se fueran llenando todos los requisitos para dejarle á usted en la calle... Y ahora que eso ya es de otro, de este caballero que acompaña al señor comisionado, á quien usted conoce...
EL SEÑOR PACO
Sí; demasiado.