—Pero basta para no morirse.

—¿Y vamos a estar siempre en el aire?

—No sé hasta cuándo. Yo no bajo.

—¿De modo que yo no voy a ver el mundo entero? ¿No voy a apoderarme de todos los tesoros, de todos los museos, de todas las joyas, de todos los tronos de los grandes de la tierra? ¿De modo que en vano soy la mujer del Dictador in articulo mortis de la humanidad? ¿De modo que me has convertido en una pajarita... después de ofrecerme el imperio del mundo?...

—Yo no bajo.

—Pero ¿por qué? ¡Imbécil!

—Porque tengo miedo.

—¿A quién?

—A mi conciencia.

—¿Pero hay conciencia?