Hubo una pausa.
—Pues hija...—se atrevió a decir Adambis—ya ves..., no hay más remedio... Si te empeñas en que no hay más que ésas... te quedarás sin ellas.
—¡Bien, hombre, bien; me quedaré! Pero no es esa manera de decírselo a una.
La voz de antes gritó al oído de Evelina:
—¡No te quedarás!
—Otro sería más... enamorado que tú. Claro, un sabio no sabe lo que es pasión...
—¿Qué quieres decir, Evelina?...
—Que Adán, con ser Adán, era más cumplido amador que tú.
—Tengamos la fiesta en paz, y renuncia al Balsaín.