—¿Ves esa cara dulce, apacible, que sólo tiene algo de pasión en los ojos, y esa, como a la sombra debajo de las pestañas, contenida...?

—¿Verdad que tiene razón Frígilis?

—¿Qué dice ese sonámbulo?

—Que la Regenta se parece mucho a la Virgen de la Silla.

—Es verdad; la cara sí...—Y la expresión; y aquel modo de inclinar la cabeza cuando está distraída; parece que está acariciando a un niño con la barba redonda y pura....

—¡Hola, hola! ¡el pintor!

Las chispas de los ojos de la jamona saltaron como las de un brasero aventado.

—¡Dice que no está enamorado y la compara con la Virgen!...

—Creo que la pobre siente mucho no tener un hijo.

Visita encogió los hombros, y después de pasar algo amargo que tenía en la garganta, dijo con voz ronca y rápida: