—No, gracias. Yo volveré luego con mamá a buscarte.

—¿A buscarme?—Sí; ¿no te lo ha dicho ese? Hoy vas al teatro con nosotros. Hay estreno; es decir, un estreno de don Pedro Calderón de la Barca, el ídolo de tu marido. ¿No sabes? Ha venido un actor de Madrid, Perales, muy amigo mío, que imita a Calvo muy bien. Hoy hacen La vida es Sueño... ¡No faltaba más! Tienes que venir. ¡Una solemnidad! Mamá se empeña. Espera vestida.

—Pero, criatura, si mañana tengo que comulgar....

—¿Eso qué importa?—¡Vaya si importa!—Lo dejas para otro día. En fin, ya arreglarás eso con mamá; porque ella viene a buscarte.

Y sin atender a más, salió del portal el aturdido Marquesito.

Petra ya estaba dentro, en el patio, haciendo como que no oía. «Ya sabía a qué atenerse; era aquel. Por lo menos aquel era uno. El Marquesito la había entretenido a ella para dejar solos a los otros. Se le conocía en que estaba tan frío. No le había dado ni un mal abrazo en lo obscuro». Escuchó. Oyó que don Álvaro se despedía con una voz temblona y muy humilde.

—¿Irá usted al teatro?

—No, de fijo no—contestó la Regenta, cerrando detrás de sí la puerta y entrando en el patio.


—X—