—Sí, sí, eso sí.

—¡Ah! oye; la licencia para el oratorio de los de Páez, ¿vino ya?

—Sí.—¿Está corriente, puedo llevármela ahora?

—Ahí la tienes, en ese cartapacio.

—¿Va en regla todo? ¿Podrá doblar el coadjutor de Parves?...

—Todo va en regla.—Aquí veo una tarjeta de don Saturno Bermúdez. ¿A qué vino?

—A lo de siempre, a que no hagamos caso del pobre don Segundo, el cura de Tamaza, que reclama el dinero de las misas de San Gregorio que le ha hecho decir don Saturno....

—Y que no le quiere pagar.—Es su costumbre. Está empeñado con todo el clero. Ha salvado a medio purgatorio (el joven tonsurado tosió con violencia por contener la risa), a medio purgatorio a costa de sus ingleses.

—El cura de Tamaza es un vocinglero....

—Pero pide lo que le deben...—Pero no se puede hacer nada.... ¿Quieres tú que yo me ponga de punta con el obispillo de levita?