Ana comprendió que Petra mentía. Ella casi siempre llamaba a su marido Quintanar.

Además, la sonrisa no disimulada de la doncella aumentaba las sospechas de la señora.

Calló y procuró ocultar su confusión.

Entonces acercándose más a la cama y bajando la voz Petra dijo, ya seria:

—Han traído esto para la señora....

—¿Una carta? ¿De quién?—preguntó en voz trémula Ana, arrebatando el papel de manos de Petra.

«¡Si aquel loco se habría propasado!... Era absurdo».

Petra, después de observar la expresión de susto que se pintó en el rostro del ama, añadió:

—De parte del señor Magistral debe de ser, porque lo ha traído Teresina la doncella de doña Paula.

Ana afirmó con la cabeza mientras leía.