—Sí, señora no me había acostado todavía; me quedé a esperar por el señor, porque Anselmo es tan bruto que se duerme.... Vino el amo a las dos.
—Y yo he hablado alto...—Poco después de llegar el señor. Él no oyó nada; no quiso entrar por no despertar a la señorita. Yo volví a ver si dormía... si quería algo... y creí que era una pesadilla... pero no me atreví a despertarla....
Ana se sentía fatigada. Le sabía mal la boca y temía los amagos de la jaqueca.
—¡Una pesadilla!... Pero si yo no recuerdo haber padecido....
—No, pesadilla mala... no sería... porque sonreía la señora... daba vueltas....
—Y... y... ¿qué decía?
—¡Oh... qué decía! no se entendía bien... palabras sueltas... nombres....
—¿Qué nombres?...—Ana preguntó esto encendido el rostro por el rubor—... ¿qué nombres?—repitió.
—Llamaba la señora... al amo.
—¿Al amo?—Sí... sí, señora... decía: ¡Víctor! ¡Víctor!