No tenía qué contestar.
Al cabo dijo:—La verdad es... que jurar... yo no puedo jurar... pero... metafóricamente.... Además, puedo prometer por mi honor....
—Pero amigo, en aquella ocasión usted no prometió por su honor; juró usted no poner allí los pies... todo Vetusta recuerda sus palabras de usted.
Don Pompeyo sintió vapores en la cabeza al oír que todo Vetusta recordaba sus palabras.
Pero insistió, aunque más débilmente cada vez, en su negativa.
Foja guiñó el ojo al Marquesito. Empezó entonces este el ataque, y Guimarán no pudo resistir más. Se rindió.
¡El hijo de Vegallana, del primer aristócrata, venía a suplicarle que volviera al Casino! Oh, aquello era demasiado. No pudo sostener la fortaleza de su resolución.
—Después de todo—dijo—en el mero hecho de haberse restablecido la legislación que yo invocaba... ya puedo pisar sin desdoro aquel pavimento....
—Pues claro que puede usted pisar. Nada, nada; póngase usted la levita, que la cena espera.
—¿Qué cena?—Sí, señor; se ha acordado por el elemento vencedor, por los que solicitan la presencia de usted, obsequiarle con un banquete... y vamos a cenar juntos unos doce amigos....