—Están ahí de parte de la señora y señoritas de Guimarán....

—¡De Guimarán!—dijo el Magistral que estaba despierto, aunque tenía los ojos cerrados.

—¡De Guimarán! Tú estás loca...—dijo doña Paula muy bajo.

—Sí, señora, de Guimarán, de don Pompeyo, que se está muriendo y quiere que le vaya a confesar el señorito.

Hijo y Madre dieron un salto; doña Paula quedó en pie, don Fermín sentado en su lecho.

Se hizo entrar a la criada de Guimarán y repetir el recado.

La criada lloraba y describía entre suspiros la tristeza de la familia y el consuelo que era ver al señor pedir los Santos Sacramentos.

El Magistral y doña Paula se consultaron con los ojos. Se entendieron.

—¿Te hará daño?

—No. Que voy ahora mismo.