—Salid. Que el señorito está muy enfermo, pero que lo primero es lo primero y que va allá ahora mismo.
Quedaron solos hijo y madre.—¿Será una broma de ese tunante?
—No señora; es un pobre diablo. Tenía que acabar así. Pero yo no sabía que estaba enfermo.
De Pas hablaba mientras se vestía ayudado por su madre, que buscó en el fondo de un baúl la ropa de más abrigo.
—¿Fermo, y si tú te pones malo de veras... es decir, de cuidado?...
—No, no, no. Deje usted. Esto no admite espera... y mi cabeza sí. Es preciso llegar allá antes que se sepa por ahí... ¿No comprende usted?
—Sí, claro; tienes razón.
Callaron. El Magistral se cogió a la pared y al hombro de su madre para tenerse en pie.
En su despacho se sentó un momento.
—¿Mandamos por un coche?...—Sí, es claro; ya debía estar hecho eso. A Benito, aquí en la esquina....