—Lo mismo opinan Beltrand y la orquesta. La orquesta se eriza de espanto con todos sus violines en trémolo y pitando con todos sus clarinetes; y Beltrand canta, no menos asustado:

(Cantando y puesto en pie)

¡Cielos! monda la manzana;
¡es la marquesa
de Pompadour!...
¡de Pompadour!...

Ana soltó el trapo. Rió de todo corazón el disparate del académico y la gracia de su marido. «La verdad era que Quintanar parecía otro».

Petra sirvió el té.—¿Ha vuelto Anselmo de Vetusta?—preguntó el amo.

—Sí, señor, hace una hora....

—¿Ha traído los cartuchos?

—Sí, señor.—¿Y el alpiste?—Sí, señor.—Pues dile que mañana muy temprano tiene que volver a la ciudad, con un recado para el señor Crespo. Deja... voy yo mismo a enterarle.... Escribiré dos letras; ¿no te parece, Ana? ese Anselmo es tan bruto....

Salió el amo del comedor. Petra dijo, mientras levantaba el mantel:

—Si la señorita quiere algo... yo también pienso ir mañana al ser de día a Vetusta... tengo que ver a la planchadora... si quiere que lleve algún recado... a la señora Marquesa... o....