—¡Hija mía! Es otra.... Ese Benítez me la ha salvado.... Es otra.... ¡Hija de mi alma!
Cenaron en la vajilla de los marqueses. Los dos tenían muy buen apetito. Ana hablaba a veces con la boca llena, inclinándose hacia Quintanar que sonreía, mascaba con fuerza, y mientras blandía un cuchillo aprobaba con la cabeza.
—La casa es alegre hasta de noche—dijo ella.
Y añadió:—Toma, móndame esa manzana....
—«Móndame la manzana, móndame la manzana...» ¿dónde he oído yo eso?... Ah ya....
Y se atragantó con la risa.—¿Qué tienes, hombre?—Es de una zarzuela.... De una zarzuela de un académico.... Verás... se trata de la marquesa de Pompadour: un señor Beltrand anda en su busca; en un molino encuentra una aldeana... y como es natural se ponen a cenar juntos, y a comer manzanas por más señas.
—Como tú y yo .—Justo. Pues bueno, la aldeana, como es natural también, coge un cuchillo.
—Para matar a Beltrand....
—No, para mondar la manzana....
—Eso ya es inverosímil.