—No creas; yo, aquí donde me ves, soy un aldeano; juego a los bolos que ya ya....
Petra se detuvo y se volvió para ver a don Fermín que hacía el ademán de arrojar una bola de roble por la cóncava bolera adelante....
Rió la doncella y continuando la marcha, dijo:
—No, que es usted fuerte no necesita decirlo: bien a la vista está.
Callaron otra vez. Detrás de la loma, y ya más cerca, estallaron cohetes de dinamita y en seguida la gaita y el tamboril de timbre tembloroso, apagadas las voces por la distancia, resonaron al través de la hojarasca del bosque.
La gaita hablaba a las entrañas del Provisor y de Petra, ambos aldeanos. Volvieron a mirarse y a sonreírse.
—Ya vuelven—dijo Petra, deteniéndose de nuevo.
—¿Llegamos tarde?
—Sí, señor; la comitiva tomará el camino de la calleja de abajo y cuando lleguemos nosotros a la iglesia, ya estarán en el Vivero....
—De modo....