—Vamos, vamos, ya ves que todos se retiran. Víctor, a la cama.

Ana sonreía, hermosa y fresca con su traje sencillo de la hora de acostarse.

—¿Y ustedes?—dijo Quintanar.

—Nosotros—respondió Paco—nos hemos quedado sin cama porque a la señora gobernadora le dio el capricho de tener miedo a los truenos y quedarse a dormir....

—¿De modo?...—preguntó Ana risueña.

—Que dormiremos en un sofá.—Vaya, vaya, pues buenas noches.

—Espera un poco, tonta, mira qué buena noche está... hablemos aquí un poco....

—Yo no tengo sueño; tiene razón Paco; hablemos—dijo don Víctor, que había entrado en su cuarto y se había puesto las zapatillas y el gorro de borla de oro.

—¿Cómo hablar? no señor..., a la cama....

Y Ana, coqueta sin querer, amenazó graciosa, provocativa, con cerrar las ventanas y las contraventanas....