—Por compasión...—Don Víctor, yo necesito antes de hablar que usted me declare el estado de su ánimo....

—¿Qué quiere usted decir?

—Está usted pálido, visiblemente preocupado, bajo el peso de un gran disgusto, sin duda; lo he notado al entrar, a la luz del farol de la escalera....

—Y usted también... está.

La voz de Quintanar temblaba.—Pues eso quiero saber; si usted conoce la causa de mi visita, en parte a lo menos, podré ahorrarme el disgusto de abordar los preliminares enojosísimos de una cuestión....

—Pero, ¿de qué se trata? ¡por las once mil!...

—Señor Quintanar, usted es buen cristiano, yo sacerdote; si usted tiene algo que... decir... algún consejo que buscar.... Yo también vengo a hablarle a usted de lo que sé como sacerdote, pero la conciencia de quien me lo comunicó exige precisamente que yo dé este paso....

Don Víctor se puso en pie de un salto.

En aquel momento estaba muy satisfecho de sí mismo el Magistral, porque acababa de ver claro. Ya sabía qué camino era el suyo.

—¿Una persona... que le manda a usted venir a estas horas a mi casa?...