—«Allí no se respetaba nada ni a nadie»—decían los viejos del rincón.—Aunque estaban a dos pasos de ellos, rara vez se mezclaban las conversaciones. Los ancianos callaban y juzgaban.
—¡Qué atolondramiento!—dijo un venerable en voz baja.
—Observe usted,—le respondieron—que rara vez hablan de intereses reales de la provincia.
—Únicamente cuando viene el señor Mesía....
—Oh, es que el señor Mesía... es otra cosa.
—Sí, es mucho hombre. Muy entendido en Hacienda y eso que llaman Economía política.
—Yo también creo en la Economía política.
—Yo no creo, pero respeto mucho la memoria de Flórez Estrada, a quien he conocido.
Todo menos disputar; en cuanto asomaba una discusión, se le echaba tierra encima y a callar todos.
En la mesa de enfrente, gritaba un señor que había sido alcalde liberal y era usurero con todos los sistemas políticos; malicioso, y enemigo de los curas, porque así creía probar su liberalismo con poco trabajo.