Escándalo general. Murmullo en el rincón obscuro.
«Aquello era demasiado».
«Se podía murmurar, hablar sin fundamento, pero no tanto. Vaya por el Magistral y el secreto de la confesión; ¡pero tocar a la Regenta! Era un imprudente aquel sietemesino, sin duda».
—Señores, yo no digo que la Regenta tome varas, sino que Álvaro quiere ponérselas; lo cual es muy distinto.
Todos negaron la probabilidad del aserto.
—Hombre... la Regenta... ¡es algo mucho!
El pollo se encogió de hombros.
—«Estaba seguro. Se lo había dicho el marquesito, el íntimo de Mesía».
—Y, vamos a ver—preguntó el señor Foja, el ex-alcalde—¿qué tiene que ver eso de las varas que Mesía quiere poner a la Regenta con el Magistral y la confesión?
No quería dejar su presa. No siempre en el Casino se podía hablar mal de los curas.