—Sr. García... celebraría estar de buen humor para poder seguírselo a usted....

—¡Señor diablo!, le digo a usted que ayer mismo me he reintegrado de esa cantidad insignificante.

—¿Ayer?... usted... ¿quién?...

Lo que tenía atravesado en la garganta el escribano había saltado sin duda al gaznate de Reyes, porque el infeliz se atragantó también.

—A ver, D. Benito, explíquese usted... ¡por los clavos de Cristo!...

—Muy sencillo, amigo mío. Ayer de tarde, en el Casino, D. Juan Nepomuceno, su tío de usted....

—No es mi tío....

—Bueno... su....

—Bien, adelante; el tío... ¿qué?

—Pero hijo, ¿qué le pasa a usted? Está usted palidísimo, le va a dar algo, ¿será el calor? Abriré aquí...