Ciertos historiadores portugueses, han dado por cierto que cuatro compatriotas suyos, enviados por Martín Alfonso de Souza desde San Vicente en 1526, atravesaron el Paraguay hasta el Perú en viaje de exploración. Creo que se trata de un lapsus, en cuya virtud se atribuye á los portugueses una expedición enteramente española.

Hasta por las fechas y el itinerario, resulta en efecto análoga á aquélla de los compañeros de Gaboto, que saliendo del fuerte de Sancti-Spiritus en línea recta al O., reconocieron la región de Cuyo; faldearon la Cordillera y llegaron al Tucumán, remontándose por él hasta el Cuzco. Iban á las órdenes de un oficial apellidado César, y habiéndoseles llamado por extensión los Césares, dieron origen á la fábula de las quiméricas ciudades de este nombre.[48]

La expedición portuguesa, parece, entonces, una adaptación fantástica. No hay, en efecto, otro dato sobre ella, que el de Ruy Díaz de Guzmán, quien se equivoca desde el principio, pues atribuye al mencionado capitán lusitano el envío de una expedición imposible, dado que éste no arribó al Brasil hasta 1530. Un escritor que se equivocaba en tal forma, á ochenta y dos años de los hechos narrados (compuso su «Argentina» en 1612), merece ciertamente poca fe. Por otra parte, la forma y el número de las cifras no dan asidero á una suposición de error caligráfico, mucho más cuando en el capítulo siguiente se incurre en uno más grave aún, dada la notoriedad del hecho, teniendo por realizado en 1530 el viaje de Gaboto.

Esta nueva errata probaría que la expedición brasileña de que hablo más arriba, fué la misma de los Césares, pues atribuye á Gaboto la fecha del viaje de Souza, siendo ya dos deficiencias concurrentes al mismo fin.

Fuera perfectamente natural, sin embargo, suponer una transposición del número (1526 por 1530), dado que el habitual desgaire de los cronistas españoles, sobre todo en lo referente á fechas y graduaciones geográficas, tenía por digna continuación las trocatintas peculiares del copista;[49] pero hay otros lapsus más redondos y en los cuales no cabe ya explicación.

Así, por ejemplo, nuestro desenfadado historiador atribuye á Américo Vespuccio el descubrimiento del Brasil, y afirma que Solís regresó á España en vez de haber sido muerto por los charrúas...

Sirva este caso de tipo al lector, para que aprenda á desconfiar en materia de papeles antiguos—que suelen ser tenidos por los mejores,—y para que valore el mortal fastidio inherente á semejantes compulsas. Leer y citar es nada; lo arduo está en controlar[50] lo que se cita.

Como quiera que sea, el caso es que el Brasil progresó mucho antes que el Paraguay, estribando en esto el comienzo de su rivalidad histórica.

Sesenta años después de su descubrimiento, la posesión portuguesa exportaba ya algodón y azúcar con tanto éxito, que este último producto contó por 32.000.000 de francos al empezar el siglo XVIII. Las nueve Capitanías en que estaba dividida, florecieron presto, existiendo en todas ellas casas de la Compañía de Jesús.

Este progreso, que era una amenaza indirecta, dado lo vago de los términos geográficos empleados por el Papa Alejandro para redactar su conocida bula arbitral,[51] y sabiéndose que en el Brasil existía una administración regular desde 1530, ocasionaron la expedición de Mendoza, entre el entusiasmo causado por la de Gaboto.