Puede decirse que con Ayolas, enviado por aquél en reconocimiento, empieza recién[52] la verdadera conquista. Subió por los ríos Paraná y Paraguay, venciendo fácilmente la escasa resistencia de las tribus ribereñas; fundó la Asunción, y continuó su viaje hasta Candelaria. Ordenando á Irala que le esperase allá con la escuadrilla durante seis meses, atravesó el Chaco y llegó hasta las fronteras del Perú, de donde regresó con algunas piezas de plata, siendo muerto por los mbayás y serigués entre los cuales se había establecido al no encontrar á sus compañeros.

La tenaz oposición de los indios de Buenos Aires, que amenazaban malograr toda fundación mientras no se tuviera una base sólida de operaciones sobre ellos, acarreó el abandono definitivo de la nueva ciudad y la reconcentración consiguiente de todos sus elementos en el Paraguay, donde los naturales se manifestaban más dóciles. Éste tuvo desde entonces, y á pesar de su carácter mediterráneo, la superioridad política que por tan largo tiempo iba á conservar.

Durante el gobierno de Ayolas y los comienzos del de Irala, la guerra no fué el único trabajo de los conquistadores, pues éstos, con una actividad ciertamente admirable, dadas sus expensas, fundaron trece pueblos en aquellos territorios.

Irala había sido electo popularmente gobernador; pero el arribo de Álvar Núñez, Adelantado real, le despojó del mando. Para llegar á su sede, éste acababa de realizar la segunda gran expedición por tierra á través de la comarca, en un viaje de ocho meses, desde el río Itabucú frente á Santa Catalina, hasta la Asunción, ó sea en un trayecto de trescientas leguas.

De orden suya, Irala efectuó la tercera, con el objeto de franquearse un camino hasta el Perú y unificar la acción conquistadora, dándose la mano con aquellos expedicionarios. Sin idea clara todavía sobre el inmenso territorio intermedio, los conquistadores paraguayos procuraban su acceso al país del oro; y la Corona que veía en él un centro político, procuraba darle, con miras de economía y de administración, la mayor zona de influencia posible, fomentando aquellas exploraciones.

Irala regresó con informes, habiendo llegado hasta los 17° de latitud, y entonces el Adelantado intentó por su cuenta el acceso; pero la inundación de las tierras le redujo á volverse.

Depuesto por el descontento de sus soldados, á quienes había querido imponer reglas de disciplina, predicando con el ejemplo de su honradez y de su cultura, que no hizo sino exasperarlos más, su intrépido teniente emprendió otra vez el camino del Perú.

Esta expedición señala el hecho importante de que los indios empezasen á figurar como aliados de los españoles en sus guerras civiles, pues demuestra que ya se había producido entre ambas razas un principio de fusión.

Consiguió Irala por fin llegar hasta Chuquisaca, resolviendo no pasar adelante por el estado político en que se hallaba el Perú, á objeto de evitarse compromisos con los bandos en lucha.