La situación privilegiada que el gobierno creó á los jesuítas en las reducciones, pudo notarse desde el primer momento por la exención de tributos. El de las encomiendas fué substituido, en efecto, por un impuesto de un peso[57] anual sobre cada hombre de dieciocho á cincuenta años. Esta carga única, exceptuaba todavía á los caciques y sus primogénitos, á los corregidores, y á doce individuos afectados al servicio de los templos. Con el diezmo, fijado en cien pesos anuales, concluía toda obligación fiscal.
Ahora bien, como en las reducciones el trabajo era obligatorio para todos, desde los cinco años, el de las mujeres y los niños, por escaso que fuera, quedaba como producto líquido, determinando así una competencia ventajosísima con los empresarios laicos.
Los encomenderos tenían que pagar un jornal de cuarenta reales[58] mensuales á sus indios, y cinco pesos por cada uno á la Corona, ó comprar esclavos para explotaciones como la del azúcar, que sólo aguantaba el negro; creándose entonces una situación de ojeriza comercial entre las dos conquistas. La Corona no supo conservar el equilibrio, procediendo más por corazonada que por cálculo entre aquellos intereses; y el resultado de sus medidas, naturalmente inspiradas por los jesuítas, redundó al fin en perjuicio de los naturales.
Éstos fueron, ó siervos de los PP. á quienes se lanzó en la especulación comercial, con el privilegio que la hacía pingüe, ó víctima de los odios despertados por la rivalidad entre laicos y religiosos. Su condición servil permanecía en ambos casos inconmovible.
NOTAS:
[48] El profesor M. Henri de Galzain, de Villa Mercedes (San Luis) me ha comunicado que existe sobre el río Quinto un paso llamado de los Césares que vendría á quedar sobre el itinerario antedicho, confirmándolo más aún; pues no existe en la historia ni en la tradición local, dato alguno que lo justifique.
[49] Es extraño que Angelis, á quien debió llamar la atención el doble error, no lo aclarase en una nota; pues se siente uno tentado á atribuírselo. Pero un estudiante primario no incurriría en él, mucho menos un compilador, por torpe que se le suponga. Puede dárselo, entonces, como perteneciente al historiador.
[50] No acepto el académico «contralorear», derivado de «contralor», con que la Academia, más papista que el Papa, traduce contrôle, síncopa de contre-rôle; pues no veo el derecho con que los etimólogos españoles refaccionan una palabra francesa, de más fácil pronunciación y más breve en su forma original que en su restauración arcaica—inocente pedantería con que se disfraza tanta miseria casera.
[51] Es curioso que la primera cuestión de límites en América, haya sido resuelta por el arbitraje. La bula del Papa Alejandro VI, no era otra cosa en efecto.
[52] Como no alcanzo la razón que haya para limitar el oficio de esta palabra á su combinación con el participio, adopto nuestra lógica generalización. Igualmente usaré la palabra rol, bajo su afección francesa de papel ó figura en un desempeño; así como yerbal y yerbatero, derivados de yerba (ilex paraguayensis). Por último, emplearé como sinónimo de asperón la palabra gres que la Academia no acepta.