Su cosmogonía infantil, así como su creencia en la inmortalidad del alma y su temor á los espectros, se prestaban á cualquier adaptación en poder más listo; su falta de patriotismo, en el sentido elevado que hace de este sentimiento una fuerza, y la facilidad con que todos entendían el guaraní, tronco de sus dialectos, agregaban nuevas facilidades á la obra evangelizadora. La misma poligamia, que es el obstáculo más arduo de las misiones, no pasaba, para la mayoría, de una aspiración casi nunca realizada.

Cuando los PP. se convencieron de que la seducción no bastaba para atraer á los guaraníes más salvajes no obstante su inmediación, echaron mano, como dije, de medios más expeditos.

Uno de ellos fué la compra de los prisioneros de guerra que las tribus se hacían, aun cuando ello implicaba fomentar la discordia; pues lo esencial era, como se advierte sin esfuerzo, el establecimiento del Imperio. Otro consistió en el empleo de neófitos ladinos, que procuraban introducirse en las tribus para inducirlas al nuevo estado. Los indios que conseguían atraer á su culto, daban el pretexto para una intervención más decisiva.

Llegaban entonces los PP. á la tribu, diciéndose atraídos por la fama del cacique á quien lisonjeaban y regalaban, produciendo entre todos la consiguiente agitación.

Cualquier incidente sucesivo—la protesta del hechicero que, por de contado, se alzaba contra los intrusos, la negativa del cacique solicitado, su coacción sobre los flamantes conversos—eran interpretadas con carácter agresivo, justificando la intervención de las armas.

Los PP. unían en su obra lo divino á lo humano, con fino espíritu práctico, y nunca la emprendían sin el correspondiente concurso militar. Ya los que entraron á la Guayra en 1609, llevaban su escolta de mosqueteros.[60]

Quedaban, por lo demás, los otros arbitrios del caso para apoyar la acción bélica. Sucesos impresionantes, como las borrascas, estampas que representaban los tormentos del infierno ó la bienaventuranza de los santos, aplicados con oportunidad al asunto y en fácil competencia con míseros hechiceros, les daban pronto la ventaja. Éstos eran, sobre todo, médicos; y es de imaginar cómo saldría aquella ciencia, base de su prestigio, en pugna con hombres civilizados y sagaces cuyos actos resultaban milagrosos en relación.

Las acciones de guerra, no producían sino triunfos; y fueron combates célebres de aquellos tiempos, los que el bravo guaraní Maracaná, dirigido por los PP., libró, saliendo victorioso, contra los caciques Taubici y Atiguajé. El primero, que era brujo además, fué arrojado á un río con una piedra al cuello.

Tres otros más, Yaguá-Pitá, Guirá-Verá y Chimboí, muertos los dos primeros en pelea y gravemente herido el otro, acabaron de cimentar el prestigio de los PP., hasta bajo la faz militar. Llegaron á sostener verdaderos sitios, en campos atrincherados y con buena táctica, como lo demostró el P. Fildi en su lucha contra Guirá-Verá.