ÍNDICE

CAPS.PÁGS.
PRÓLOGO[7]
I.El país conquistador[11]
II.El futuro imperio y su habitante[87]
III.Las dos conquistas[119]
IV.La conquista espiritual[153]
V.La política de los Padres[195]
VI.Expulsión y decadencia[217]
VII.Las ruinas[235]
EPÍLOGO[267]

I
El país conquistador.

Antes de describir la situación y condiciones de la conquista espiritual realizada por los jesuítas sobre las tribus guaraníes, conviene sintetizar en una ojeada el estado del país donde aquéllos tuvieron origen y bajo cuya bandera ejecutaron su empresa, con el fin de no hallarnos de repente en su presencia, sin los antecedentes necesarios á toda investigación.

Ello es tanto más necesario, cuanto que hasta ahora el asunto se ha debatido entre los elogios de los adictos y las diatribas de los adversos—unos y otras sin mesura—pues para ésos y éstos la verdad era una consecuencia de sus entusiasmos, no el objetivo principal.

Tan escolásticos los clericales como los jacobinos, ambos adoptaron una posición absoluta y una inflexible lógica para resolver el problema, empequeñeciendo su propio criterio al encastillarse en tan rígidos principios; pero es justo convenir en que el jacobinismo sufrió la más cabal derrota, infligida por sus propias armas, vale decir el humanitarismo y la libertad.

Producto de la misma tendencia á la cual combatía por metafísica y fanática, el instrumento escolástico falló en su poder, tanto como triunfaba en el del adversario para quien era habitual, puesto que durante siglos había constituido su órgano de relación por excelencia, cuando no su más perfecta arma defensiva.

Uno y otro descuidaron, sin embargo, el antecedente principal—la filiación de la orden discutida y de la empresa que realizó.—Dando por establecido que los jesuítas son absolutamente buenos ó absolutamente malos, el estudio de su obra no era ya una investigación, sino un alegato; resultando así que para unos, las Misiones representan un dechado de perfección social y de sabiduría política, mientras equivalen para los otros al más negro despotismo y á la más dura explotación del esfuerzo humano.