Difícil es conjeturar lo que hubiera sucedido, á continuar semejante organización; pero puede inferirse algo perjudicial para la América libre.[116] Aquel sistema económico basado en el comunismo, era antagónico con la independencia de carácter individualista que el siglo XVIII iniciaba. El capitalismo, desarrollado como un fruto de la riqueza que acumularon en poder de la burguesía colonial la explotación del proletariado, y los contrabandos, acentuaba entre nosotros aquel fenómeno, con el cual coincidían, por caracterización peculiar, las condiciones heredadas del conquistador.
Éste las había trasladado aquí adaptando á ellas un medio inferior que ni el obstáculo del clima le presentaba, por ser muy análogo al natal; de modo que su nueva situación, no fué óbice á las tendencias peninsulares. Su ocupación casi exclusiva, la ganadería, era una expedición conquistadora á la cual no faltaba ni el carácter bélico, en pugna con el ganado bravío y con el salvaje que periódicamente invadía para arrebatarlo; y esto fomentó el predominio del coraje exclusivo, así como el desdén hacia la agricultura y el comercio, que las dificultades opuestas por la topografía y por la ley á la circulación de la riqueza, acentuaban todavía.
Los campos fiscales hormigueaban de ganado sin dueño, en el cual iban á depredar todos los años, con autorización del Gobierno, cuadrillas de trabajadores que enriquecían las estancias. Tenían una denominación específica, lo que da al fenómeno rasgos de industria organizada: llamábanlos gauderios, vocablo cuya alegre etimología[117] denuncia el carácter de semejantes empresas. Eran un jolgorio ecuestre y de manga ancha, que exaltaba hasta el delirio la afición á las aventuras.
El privilegio habíase trasladado, además, con la nobleza, exagerándose al contacto de una raza esclava y explotada sin misericordia; bien que la forzosa intimidad, ocasionada por las labores rurales, hubiera establecido cierto compañerismo entre el señor y el proletario. Éste encontró incentivo de sobra á su instinto nómade de mestizo, en la extensión de la pampa y en su desheredamiento, volviéndose salteador y cuatrero; á todo lo cual se agregaba la haraganería, que una fácil manutención, proporcionada por el ganado cerril, aseguraba como una prebenda.
Monopolizada la tierra, al instante mismo de efectuarse la conquista, el empleo público formó la única esperanza de los que no entraron en el reparto, pues no les quedaba efectivamente otra situación. El comercio se arrastraba mísero, entre las contrariedades del monopolio y los azares del contrabando, que al persistir como una válvula de escape, algo producía, pero engendraba también un fisco cada vez más caviloso, es decir, metido en todos los accidentes de la vida privada y pública, hasta volverlas dependientes de su omnipotencia providencial. La venta del puesto público, que empezó tolerada, acabó en legal de allí á poco, extremando los abusos del fisco y las protestas del pueblo, condensadas en su falta de respeto á la autoridad. Los motines hispano-americanos son una herencia del fisco español, cuya legislación enteramente formal volvía pesimista al pueblo con su ineficacia, haciendo resaltar más la corrupción.
Poco tuvieron que modificarse, pues, las tendencias peninsulares, de ningún modo contrariadas por el medio, cuya plasticidad inorgánica se plegó á todas las exigencias de la civilización invasora. Únicamente la colonización, que engendra el deseo del engrandecimiento personal por el trabajo, hubiera podido influir sobre el tipo conquistador hasta modificarlo; pero la conquista era ante todo una operación de fuerza y de dominio, que sólo se proponía la explotación del natural. Si este espíritu dominante no hubiera producido la exclusión del criollo para los puestos públicos, la independencia se retardaba quizá un siglo, faltando en la mentalidad local los elementos que realizan esa clase de evoluciones. La exclusión hizo patriota al criollo, pero sin mejorarle naturalmente la conciencia; y así, la única virtud que poseía al emanciparse, era el patriotismo de carácter militar.
Salvo algunos detalles externos que hacían odiosa á la conquista laica, la espiritual fué idéntica en esencia, como se ha visto; y parece escrita para ella la frase con que Buckle presenta al pueblo español, tan anulado en sus iniciativas y tan corrompido por el providencialismo de Estado, que su ruina depende exclusivamente de una flaqueza de sus directores.
Uno y otro conquistador imperaron sobre el indio, al considerarse sus inmutables superiores por la civilización y por la raza; y éste, con rigor ó con dulzura, fué declarado, desde luego, incapaz.
Aquí reside la falta de lógica de la conquista espiritual, pues esa incapacidad acarreaba incontestablemente el exterminio. La conquista laica habríalo realizado, poblando al país con elementos superiores y con mestizos, que eran libres por la ley, á beneficio de las actuales generaciones.
Al humanitarismo puede esto parecerle atroz; pero el derecho á la vida es un resultado de las condiciones del viviente, no una cuestión sentimental y soluble con arreglo á cánones eternos.