Imposible decir peor las cosas. En esa sola estrofa, el desierto está calificado por seis adjetivos igualmente pobres: inconmensurable, abierto, misterioso, triste, solitario y taciturno. La siguiente empieza con cuatro versos tan mal dispuestos, que cambiándolos de posición, resultan mucho más soportables:
Gira en vano, reconcentra
Su inmensidad (?) y no encuentra
La vista, en su vivo anhelo,
Do fijar su fugaz vuelo.
Habría que hacer del tercer verso el primero, del primero el segundo y del segundo el tercero, para que resultara menos malo. Y todo el poema adolece de igual miseria. Es sencillamente lamentable.
[55] Los trovadores, maestros y antecesores inmediatos del Dante, habían usado con gran desembarazo de esta libertad, que provenía, a su vez, de la poesía clásica. He aquí un verso que contiene doce palabras en once sílabas:
Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.
El trovador Sordel, autor de este endecasílabo, fué todavía sobrepasado por Bernardo de Vantadour, quien hizo caber trece palabras en once sílabas: