Con el cantar se consuela.

Éste es el objeto de la composición. El gaucho va a contarnos sus penas extraordinarias (sin esta advertencia, su pretensión fuera baladí) y la estrofa en su sencilla fluidez, de un tirón, nos abre desde luego su alma.

La invocación a los númenes propicios, que es una costumbre épica, está en las dos siguientes:

Vengan santos milagrosos,

Vengan todos en mi ayuda,

Que la lengua se me añuda

Y se me turba la vista.

Pido a mi Dios que me asista

En una ocasión tan ruda.