Los pobrecitos muchachos,
Entre tantas afliciones,
Se conchabaron de piones;
Mas que iban a trabajar,
Si eran como los pichones
Sin acabar de emplumar.
Así lamentamos, en efecto, la suerte de los hijos, tendiendo a considerarlos en nuestro afecto, criaturas siempre incapaces de vivir sin nosotros.
El símil de los pichones implumes, es la expresión más tierna y delicada de aquel corazón, ablandado por el dolor, como un nido.
Y la pobre mi mujer
Dios sabe cuánto sufrió.