Que sólo llorando

Remedio mi mal.

Entonces, cuando ese hombre tan generoso, tan bueno, tan valiente, tan justo que ni el máximo dolor altera su juicio, ni las peores miserias su buen humor, jura la venganza de tamaña iniquidad, comprendemos que tiene razón. La venganza confúndese con la justicia, y el protagonista, así engrandecido, va a ser el héroe que puesto de cara al destino, emprenderá por cuenta propia la tarea de asegurarse aquel bien, tomando por palestra el vasto mundo:

Más tamién en este juego

Voy a pedir mi bolada;

A naides le debo nada,

Ni pido cuartel ni doy;

Y ninguno dende hoy

Ha de llevarme en la armada.[64]