Mas, como el tino no pierdo,
Y soy medio ligerón,
Lo dejé mostrando el sebo [70]
De un revés con el facón.
Hemos presenciado el peculiar combate con los indios y el duelo campestre. La pelea decisiva con los gendarmes de campaña, ofrece mayor interés, quizá; pues lo curioso es que las situaciones semejantes, en vez de agotarlo, enriquecen el ingenio de este hombre. La vida del paladín es una sucesión de combates, y aquí está su enorme dificultad descriptiva. No conozco sino Cervantes que la haya vencido con desembarazo igual.
Con aquel nuevo delito, el gaucho aíslase más todavía. Sólo de tarde en tarde llega a las casas de su amistad. Durante la noche, duerme a medias en pleno campo, buscando las viscacheras para abrigarse los pies en su hueco, mientras con el resto del cuerpo afuera, la playita circundante, despejada por los roedores, da campo a su visión y tabla sonora a su oído.
Me encontraba, como digo,
En aquella soledá,
Entre tanta escuridá,