Entretanto, el favor del público ha robustecido en el poeta la conciencia de su genio. El preludio revela, con estrofas que son vaticinios, este nuevo estado de ánimo:

Lo que pinta este pincel

Ni el tiempo lo ha de borrar;

Ninguno se ha de animar

A corregirme la plana;

No pinta quien tiene gana

Sino quien sabe pintar.


Pero voy en mi camino

Y nada me ladiará;