Que le llamaban Barullo.
Una noche que les hizo
Como estaba acostumbrao,
Se alzó el mulato, enojao,
Y le gritó, viejo indino,
Yo te he de enseñar, cochino,
A echar saliva al asao.
Lo saltó por sobre el juego
Con el cuchillo en la mano.
¡La pucha el pardo liviano!