Respeto al que me respeta;
Pero el naipe y la boleta
Naides me lo ha de tocar.
Ahi no más ya me cayó
A sable la polecía;
Aunque era una picardía,
Me decidí a soportar,
Y no los quise peliar
Por no perderme ese día.
Esos ñatos representan todo un sistema en nuestra política rural. Mulatos leguleyos, con cuatro cerdas alazanas por bigote, pringado de cacarañas sudorosas el rostro donde la avería nasal estampa por definición el sello repugnante del calavera, quién no los ha visto pasar hamacándose en sus tordillos de paso, o con un gallo de pelea bajo la manga del guardapolvo, mientras la oreja baya provoca deslices con el señuelo de su clavel querendón.