En el mar de tu pelo

Navega un peine,

Y en las olitas que hace

Mi amor se duerme.

¿No es deliciosa esta evocación de ribera tranquila que parece peinada por la revesa, mientras la amada va desatando con sedosa lentitud las ondas de su cabello? El encanto de la imagen poética, o sea la emoción de belleza bajo su expresión más amable, consiste en esas aproximaciones.

Un presentimiento de olvido inspira este otro verdadero poema en veinticuatro sílabas, donde la impresión del lecho sólo, y por ello convertido en tumba, da intensidad trágica a la pasión:

De terciopelo negro

Tengo cortinas,

Para enlutar mi cama

Si tú me olvidas.