Nos entendemos.
Es todo un pequeño idilio, y usted vé la muchacha, más simpática con su defecto, como la fruta picada; el galán, entre amartelado y socarrón, que la requiebra; el portillo del cerco, donde se entienden en dulce clandestinidad: que de ahí viene la picardía, sabrosa como un beso robado.
La expresión caballeresca de la fidelidad, no resulta menos delicada, porque sea rudo el lenguaje:
Tomá este puñalito
Y abrime el pecho,
Ahi verás tu retrato
Si está bien hecho.
También está llena de picaresca gallardía la siguiente jactancia de conquistador:
Una caña de pescar
Tengo para mi consuelo;