Luego, en el propio diario del primer viaje de Colón, que si bien fué compendiado por las Casas, está en lenguaje de la época, la voz se halla usada como si fuera corriente, pues no tiene señal ni comento que la particularice: "envió toda su gente de la villa con canoas muy grandes y muchas a descargar todo lo de la nao"[46]. Y cosa igual sucede con la carta del Dr. Chanca que narra el segundo viaje de Colón y es de los principios de 1494: emplea varias veces la voz como si fuera corriente. El Dr. Chanca hallábase ausente de España desde septiembre de 1493, y era letrado: quiero decir, capaz de apreciar el neologismo y advertirlo, como lo hace, por ejemplo, con ají, aunque, a mi entender, se equivoca.
Por lo demás, el propio diccionario de Nebrija va a dilucidar el punto.
Si su segunda parte, que es la más moderna, define canoa como "barca de indios: indicus linter", la primera, publicada en 1492, antes que hubiera noticia alguna sobre el Descubrimiento, define a la voz linter como "canoa: barco pequeño"; prefiriendo la supuesta voz americana a esquife, que también registra, y usándola todavía en el artículo monoxylon.
La frase indicus linter referíase, puramente, a los esquifes o botes monóxilos de la India, famosos en la literatura latina, como lo prueban las repetidas citas de Plinio cuya Historia Natural fué una de las más copiosas fuentes de Nebrija. Así, en la ya mencionada definición de linter por canoa, está citado aquel autor latino y su obra en el parágrafo 24 del libro VI, donde dice que los habitantes de Taprobana (Ceilán) "usan barcas de dos proas para no tener que virar en los canales angostos". Añadiré por mi parte estas otras citas del mismo: "Llámase Cottonara al país de donde llevan la pimienta a Barace en chalupas hechas de un solo tronco de árbol" (Id. id. lib. VI, 26). "Las cañas (de la India) son tan grandes, que en cada uno de sus canutos pueden navegar tres hombres" (Id. id. lib. VII, 2). "La caña de la India tiene el grosor de un árbol...; y si hemos de creer lo que se dice, uno solo de sus canutos basta para hacer una chalupa" (Id. id. lib. XVI, 65).
Añadiré, por último, que la voz indio no figura en el Nebrija. El nombre de Indias dado a las Américas fué tan vago, tan evidentemente subordinado al origen asiático de dicha voz, que el P. Acosta, buen cosmógrafo, sin embargo, decía un siglo después de la conquista, en 1590: "En otras partes de Indias, como son las Islas Filipinas..." (Historia Natural y Moral de las Indias, lib. IV, cap. XVII).
La voz canoa, procede, en tanto, del vocablo latino canna, barquilla formada de cañas, cuyo nombre formóse por antonomasia, como el de las esteras del mismo material. Así pasó al alemán Kahn, esquife, y a la lengua de oïl bajo las formas canart y cane, embarcación. En italiano, canoa es la forma anticuada de canotto, barquilla. Por la misma razón del trenzado de cañas, la damajuana fué también cane en lengua de oïl; a lo cual concurrió la acepción generalizada de canal, para significar con la misma voz cane, cántaro y medida de líquidos. Canaliculus es embudo en latín. En castellano, la artesa llamada camellón recibe también el nombre de canal; y al mismo tiempo, artesa es sinónimo de piragua. Según la descripción y lámina que en la Historia de Oviedo[47] corresponden a las canoas, éstas resultaban verdaderas artesas; y con tales vasijas las compara, precisamente, el autor. La voz canart de la lengua de oïl más arriba citada, tiene por antecesor al vocablo bajo-latino canardus, nombre que en el siglo XII recibían las naves inglesas y noruegas. Pero, el origen inmediato de nuestra voz canoa, es la del bajo latín canona con que se designaba las barcas de pescador, y que proviene del latino clásico canna como toda la familia citada[48]. Así todavía, otra vasija, el canasto, cuya forma anticuada canastro explica su formación idéntica a la de camastro, padrastro. A mayor abundamiento, en Chile llaman canoa a la batea o artesa que sirve de toma en los canales; y en Centro-América al pesebre o gamella: voces que resultan, como se vé, perfectamente castizas. Caña es en castellano un vaso para vino que deriva de la voz bajo-latina canna cuya doble ene explica la eñe en el vocablo actual. Llamamos, asimismo, "media caña" a la teja gotera que en francés recibe el nombre de noue, aplicado también a la vejiga natatoria del bacalao, y en el cual coinciden, aclarando todavía las cosas, nuestra voz nao, nave (del griego naús) y el bajo-latino noa, yerbajo flotante donde se ocultan los peces. Quedando todavía, para fantasear, el arca de Noé, voz hebrea que significa flotar en equilibrio...
Explícase, pues, que en esta materia sobrevenga la perplejidad, no bien faltan pruebas incontrovertibles. Así, sobre todo, en lo referente a la lengua quichua cuyo contacto con la española fué tan íntimo y prolongado.
Como el idioma indígena era inferior en riqueza léxica, o sea en el elemento que con mayor facilidad aceptan las lenguas, y como pertenecía, además, a la raza dominada que tan fácilmente se sometió, infiérese sin esfuerzo la penetración castellana en él. Debemos suponer que ésta empezó muy luego de la conquista; y con ello, las perplejidades comienzan también desde los primeros léxicos quichuas compuestos por los españoles peninsulares y americanos; pues como no eran trabajos filológicos, sino vocabularios para uso de misioneros, allá iba todo lo usual, sin crítica alguna.