Es, precisamente, lo que manifiesta el P. Domingo de Santo Thomas en su Lexicon o Vocabulario de la lengua general del Perú, impreso en Valladolid el año 1560: lo cual hace de dicha obra el diccionario más antiguo de la lengua quichua. Hay, dice, en la tierra peruana, "muchas lenguas particulares"; "de las cuales, añade más abajo, también pongo yo algunos términos, porque así se usan comunmente". Antes expresa que la lengua quichua "aunque es usada y general en toda la tierra (del Perú) no es natural en toda"; hallándose "mezclados con los términos de ella, muchos de provincias particulares". Como el citado vocabulario será mi principal fuente, hago notar lo transcripto, con el mayor interés, porque demuestra que el idioma quichua estaba en descomposición; lo cual facilitó, sin duda, la penetración del castellano en lapso tan breve. El vocabulario quichua del P. Diego González Holguín (año 1607) será mi otro texto preferido[49].
Muchas son las voces castellanas que es posible precisar en la lengua quichua. Así casarana, casarse; tusana, rapar; lanzana y agitana, vomitar; asutina, azotar; punta, primero: de punta abajo sus acepciones principio, comienzo; juria, premura, de furia: como en la locución "furia del caballo", por su rapidez. Otras de aquellas voces provienen de términos anticuados, lo cual dificulta todavía el estudio. Cumba, techo, proviene de cumbre, que ha engendrado la voz criolla cumbrera, caballete del techo, y que es, en gallego, cume. Dibi, deuda, recuerda el gallego dívedo y el portugués dívida de igual acepción, y salió del castellano débito, sincopado en tal forma, porque la acentuación esdrújula es intolerable en la lengua quichua. La forma lusitana patentiza la tendencia en cuya virtud transformóse débito en dibi. Angara, vasija de calabaza, procede del bajo latín angaria, vasija ancha, que es el origen del castellano angarillas y que tiene esta filiación: aquaria, ancaria, angaria. Albis, arveja, es el castellano anticuado alubia, forma arabizada a su vez del griego lobos, judía. Para mayor enredo, la voz incorporada al quichua, pasó luego al araucano...
Citaré entre las voces dudosas huaira que significa aire; rurana, faena de campo o rural: toglla (la ll quichua es sumamente líquida) lazo o dogal: llutana, embarrar, pegar con lodo. Las dos primeras, huaira y rurana, no están en el Vocabulario de Santo Thomas, que es el más antiguo como ya dije. Las otras dos sí, de modo que pueden ser coincidencias eufónicas. Llutana, sin embargo, recuerda demasiado a enlutar, enlodar, o sea pegar con lodo, y sería su exacta adaptación quichua. Todavía en el siglo XVIII, enlutar significaba en castellano tapar con lodo.
He aquí dos ejemplos más interesantes, que servirán, cuando menos, para enseñar la cautela nunca excesiva en estas cosas.
Tambu es posada, mesón, en los diccionarios quichuas. El antiguo portugués ofrece, bajo las acepciones de alcoba, lecho nupcial y mesita de comedor, las formas tamo y tambo, derivadas de thalamus, tálamo. La tercera de dichas acepciones, nos da la etimología de nuestro tambo: casa de vacas donde se toma leche recién ordeñada. En patuá de Nîmes, la voz tambouïo significa provisiones, víveres. Y todas estas formas proceden del griego thálamos, que, además de alcoba, es también madriguera, colmena y cavidad corporal donde se alojan ciertas órganos.
Desde el P. Santo Thomas hasta Tschudi, pullu significa velludo, lanoso, y también borla en quichua. En el caló jergal de España, constituído por una mezcla de germanía con gitanismos, la manta o colcha recibe el nombre de pullosa, que en germanía es pelosa: regreso al pilus latino, por el conocido intercambio de la i en u, y recíprocamente. En bajo latín denominábase pannus pullus al paño negro; y precisamente, con esa significación adjetiva es como se usa en nuestra región central la voz quichua: "poncho pullo". La voz existía, pues, antes del descubrimiento de América. Tanto la circunstancia de ser negro el paño llamado pullus, como la de estar formado el poncho pullo por un tejido basto y velludo, dan singular interés al hecho de que la voz quichua puyu (Tschudi escribe puhuyu) signifique nube, nublado. Al norte de Quito pronuncian fuyu, trocando la p en f lo que es peculiar de esa región quichua[50]. Ahora bien: en latín clásico, fuligo es hollín[51] y fullonia es batán; de donde provino el citado pannus pullus, pullatus, que significa originalmente abatanado. Pero, veamos algo más curioso aún.
Cóndor es el quichua cúndur o cúntur (Sarcorhamphus griphus de los naturalistas). En dialecto rumano-megleno condúr significa águila. Los meglenos hállanse muy próximos a Salónica, ciudad donde, como es sabido, hablan castellano antiguo dos tercios de la población, por ser descendientes de los judíos expulsados de España. No ensayaré ninguna conjetura al respecto. Haré notar solamente, limitándome a una estricta exposición de hechos, que la voz condúr no tiene etimología conocida en rumano. Por lo que respecta a su acentuación, sábese que en España pronuncian generalmente condór; y en quichua como en latín, no existen sustantivos de acentuación aguda.
Para desvanecer toda idea de fantasía pintoresca o coincidencia esporádica, citaré otros dos ejemplos. En Santiago y Tucumán, llaman pachkil al rollo de trapo (generalmente un repasador o toalla vieja) que las mujeres ponen de asiento al cántaro cuando lo cargan en la cabeza. En castellano de Salónica, pechkire y pesquir, significan servilleta, y proceden del persa que los moros introducirían en la España anterior al siglo XV, o los turcos, posteriormente, en los Balkanes. Paxio es un término de la baja latinidad, que significaba a su vez paño de envolver, y sudario.
El pueblo de aquellas provincias argentinas, usa la locución caerse antarca por caerse de espaldas. En castellano de Salónica, arca significa espinazo. Nuestro castellano conserva, bien que casi obsoleto, el mismo término con la acepción de vacío lumbar; y en la baja latinidad, era tórax, en el sentido que nosotros damos al tronco cuando le llamamos "caja del cuerpo". Ártico, significa, a su vez, derecho; y antártico lo contrario...
Abundan en el castellano de los judíos balkánicos y en el de nuestros gauchos, las mismas palabras; lo cual revela que dicho idioma común, es realmente aquella lengua antigua y popular, todavía indemne del jalbegue humanista. Así, unos y otros dicen dormite, por duérmete; soñar un sueño por soñar: "Un sueño soñé mis dueñas", canta un romance de Salónica; y una copla gaucha: "antenoche soñé un sueño"[52]. El artículo se elide lo mismo: "a lado de", por al lado (en Santiago del Estero y la Rioja); o adopta igual forma pleonástica: "no tiene o no sabe lo qué hacer"; por qué hacer (en Buenos Aires). Son también comunes las formas quen por quien; ande por donde; ajuera por afuera; cuantimás por cuanto más; saltar, por prorrumpir; subir por montar; y esta última de estrecha analogía: espasiar (en Salónica) divertirse es en la región serrana del centro argentino, pasiar o pasear por antonomasia. Paseandero es un eufemismo de calavera.