Mencionaré también ansí por así; apreto por conflicto; armar por preparar; buraco por agujero; caja por ataúd; caldudo por caldoso: cayer por caer y gaína por gallina. Estas formas existen, más o menos, en toda América.

He aquí, por último, una adivinanza albanesa que significa la carta:

"Semillas negras en campo blanco. Las siembras con la mano y las recoges con la boca".

Los gauchos dicen:

Pampa blanca, (el papel)
Semillas negras, (las letras)
Cinco vacas, (los dedos)
Y una ternera, (la pluma).

La mayor parte de nuestros pretendidos barbarismos, es, pues, castellana o castiza; y fuera de la sumisión al idioma académico, que generalmente no la merece, falta del todo razón para proscribirlos. Existe un castellano de América; y no quiero cerrar estas consideraciones, sin la mención de otra que aún más lo prueba: las peculiaridades de pronunciación y el valor distinto de ciertas voces, que son comunes a todo el continente.

Así, la substitución de los sonidos c, y, z por s, tal como sucedió en el castellano peninsular hasta fines del siglo XVI: lo cual explica su persistencia entre nosotros. La confusión de los sonidos ll, y. La acentuación diversa de ciertos tiempos de verbo: sabés, presumás, tenís, querís, andá, vení. La substitución de por vos y de vosotros por ustedes. La contracción de de en e, como p. ej.: sombrero e paja. La pronunciación de tr como en inglés: cuasro por cuatro.

En el segundo tomo de esta obra, dedicado exclusivamente al léxico gaucho, hallará el lector las referencias pertinentes a los otros idiomas indígenas, y a los africanos que también influyeron para formar la lengua de los payadores; pues lo dicho más arriba tiene por único objeto la descripción del proceso mencionado: con que puede apreciarse su importancia trascendental.

NOTAS: