“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la parte aérea se refleja contra su superficie; la etérea penetra produciendo la vibración del cuerpo y sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de cuerpo supuesto, se dinamiza armónicamente con el de la onda, difundido en él; y ésta es la explicación, que se da por primera vez, de las vibraciones al unísono.” “Una vez rota la relación entre las ondulaciones y su propagación, el éter sonoro no se difunde en la masa del cuerpo, sino que la perfora, ya completamente, ya hasta cierta profundidad. Y aquí viene la explicación misma de los fenómenos que produzco.”

“Todo cuerpo tiene un centro formado por la gravitación de moléculas que constituye su cohesión, y que representa el peso total de dichas moléculas. No necesito advertir que ese centro puede encontrarse en cualquier punto del cuerpo. Las moléculas representan aquí, lo que las masas planetarias en el espacio.”

“Claro es que el más mínimo desplazamiento del centro en cuestión, ocasionará instantáneamente la desintegración del cuerpo; pero no es menos cierto que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular, se necesitaría una fuerza enorme, algo de que la mecánica actual no tiene idea, y que yo he descubierto, sin embargo.”

“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que la fuerza del puñado de nieve contenido en la mano de un niño, bastaría para hacer volar en pedazos una montaña. Calculen ustedes lo que se necesitará para vencer esa fuerza. Y yo desintegro bloques de granito de un metro cúbico...”

Decía aquello sencillamente, como la cosa más natural, sin ocuparse de nuestra aquiescencia. Nosotros, aunque vagamente, íbamonos turbando con la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados al tono autoritario de nuestro amigo, nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí, buscaban al descuido por el taller, los misteriosos aparatos. Á no ser un volante de eje solidísimo, nada había que no nos fuese familiar.

“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de la exposición. Había dicho que necesitaba ondas sonoras susceptibles de ser lanzadas en progresión proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que no es menester describrir, di con ellas.”

“Eran el do, fa, sol, do, que según la tradición antigua constituían la lira de Orfeo, y que contienen los intervalos más importantes de la declamación, es decir, el secreto musical de la voz humana. La relación de estas ondas es matemáticamente 1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la naturaleza, sin un agregado ó deformación que las altere, son también una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica de los hechos, iba paralela con la de la teoría.”

“Procedí entonces á construir mi aparato; mas para llegar al que usted en ven aquí, dijo sacando de su bolsillo un disco harto semejante á un reloj de níquel, ensayé diversas máquinas.”

Confieso que el aparato aquél nos defraudó. La relación de magnitudes forma de tal modo la esencia del criterio humano, que al oir hablar de fuerzas enormes habíamos presentido máquinas grandiosas. Aquella cajita redonda, con un botón saliente en su borde y á la parte opuesta una boquilla, parecía cualquier cosa menos un generador de éter vibratorio.

“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra perplejidad, pensé en cosas complicadas, análogas á las sirenas de Koenig. Luego fuí simplificando de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia de las máquinas, hasta llegar á esto que no es sino una solución transitoria.”