Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía vagas—mas no por ello menos prodigiosas—de los metales coloidales tan semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]—todo eso está indicando cómo debió producirse grosso modo el fenómeno. La generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo depende de las condiciones en que se halle el átomo.

Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es—ya lo hemos dicho—la radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo reservorio de electricidad.

Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria, desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los conocidos procedimientos de generación,—fisiparidad, ovulación, hermafrodismo—hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de materialización.

Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico, debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.

El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido, y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino futuro.

De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas filosofías como la “gran madre” (mater-ia) personificada en el agua, pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su cuarto estado.

Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo estudiado.

Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el signo de la actividad ó masculino.

El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir el universo su ciclo de manifestación material—será los dos elementos á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento femenino: auto engendra.

Previa esta explicación, véase el esquema: