Estas propiedades lo son por excelencia de los diversos estados de materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero no son exclusivas.

Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones materiales, justifica su símbolo[34].

La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino, y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores razones.

Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas, verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el od de Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.

La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían sometidos.

El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en los seres que de su masa engendraba.

NOVENA LECCIÓN