—Permanece ahí sepultado, y quede contigo eternamente oculto mi oprobio.
El pozo era profundo y estaba lleno do agua hasta los bordes; la piedra y el escudo eran pesados: así es que no pararon hasta llegar al fondo, quedando ocultos por el agua que volvió á unirse tras ellos. La Fama no pudo callar aquella accion generosa y digna de renombre, y divulgóla en breve: su trompeta sonora difundió la noticia por Francia, España y los paises comarcanos. Apenas circuló de boca en boca esta aventura por todas partes, acudieron muchos guerreros, así de las más próximas como de las más apartadas regiones, en busca del escudo; pero no pudieron dar con el bosque donde se hallaba el pozo guardador del sagrado escudo; porque la Fama que publicó la accion de Rugiero, no quiso revelar nunca la situacion del país ni de la cisterna.
Tan pronto como se hubo alejado Rugiero del sitio que fué testigo de su poco costosa victoria, dejando á los cuatro grandes campeones de Pinabel tendidos cual muñecos de paja, al llevarse al escudo, se llevó tambien la luz que entorpecia los sentidos, y cuantos yacian como muertos, se levantaron llenos de asombro. Durante todo aquel dia no supieron ocuparse más que de tan maravilloso suceso, haciendo cada cual sus consideraciones con respecto á aquella luz terrible: hablando estaban de este acontecimiento, cuando llegó á sus oidos la noticia de la muerte de Pinabel, aunque sin saber quien fuese el matador.
Durante el combate, la atrevida Bradamante habia alcanzado á Pinabel en un paso estrecho, y le habia sepultado cien veces su acero en el pecho y los costados. Luego que purgó á la Tierra de aquel hombre pérfido y dañino, volvió la espalda al bosque testigo de su venganza, llevándose el corcel que el infame le arrebatara en otra ocasion. Quiso regresar al sitio donde habia dejado á Rugiero; mas no supo hallar el camino, y aunque recorrió montes y valles, buscándole por toda la comarca, su contraria suerte no le permitió que hallase la ruta más conveniente para reunirse á su Rugiero. Los que encuentren agradable esta historia quedan invitados para oir su continuacion en el canto siguiente.
CANTO XXIII.
Astolfo se remonta á los aires.—Prenden á Zerbino, acusándole de haber dado muerte á Pinabel: Orlando le pone en libertad.—Rodomonte cabalga en Frontino, que ha arrebatado á Hipalca.—El paladin Orlando combate con Mandricardo; y despues, teniendo noticia de los amores de Angélica cae en la locura más furiosa que se ha conocido.
Todos debemos auxiliar á nuestro prójimo, porque las buenas acciones raras veces quedan sin recompensa; y aun cuando no la obtengan, por lo menos su práctica no puede causar la muerte, ni perjuicio, ni ignominia. En cambio, el que ocasiona algun daño á otro, encuentra tarde ó temprano el castigo merecido, pagando una deuda que nunca se olvida. Dice el proverbio que, si las montañas están fijas, los hombres vuelven á encontrarse. Ved cuál fué la suerte de Pinabel por haberse portado inícuamente: encontró la pena á que le habia hecho acreedor su índole perversa, y Dios, que las más de las veces no permite que padezca injustamente un inocente, salvó á Bradamante, así como salvará á todo aquel cuya conciencia esté limpia de toda felonía. Creyó Pinabel que habia dejado muerta y sepultada en la cueva á la doncella, no esperando volverla á ver y mucho menos llegar á perder la vida á sus manos. De nada le sirvió encontrarse en el castillo de su padre; en el castillo de Altaripa, situado entre escarpadas montañas y próximo al país de Poitiers. Poseia esta fortaleza el viejo conde Anselmo, de quien nació el malvado Pinabel, que para librarse de las manos de Claramonte, tuvo que apelar al auxilio de sus amigos.
Al pié de un monte se vengó á su placer Bradamante de aquel traidor, arrancándole la indigna vida, sin que Pinabel supiera hacer otra cosa más que gritar y pedir perdon, en vez de defenderse como un caballero. Despues de haber dado muerte al fementido conde, que en otra ocasion procuró asesinarla, quiso volver al sitio en que habia dejado á Rugiero; mas no se lo permitió su adversa suerte, la cual hizo que se extraviara por un sendero, que la llevó á la parte más espesa, más solitaria y más sombría del bosque, en el momento en que las tinieblas sustituian á la luz del Sol. No sabiendo la guerrera donde albergarse durante la noche, se detuvo en aquel sitio, tendiéndose sobre la naciente yerba, cobijada por las ramas de los árboles; y ora durmiese esperando la llegada del dia, ora contemplase á Saturno, Júpiter, Venus, Marte y demás planetas errantes, no se apartó un momento de su imaginacion la imágen de su adorado Rugiero. Exhalando frecuentes suspiros, que salian de lo más profundo de su corazon, se lamentaba, arrepentida y pesarosa, de que hubiera podido en ella la ira más que el amor.