Calló Merlin, y acto continuo se preparó Melisa á hacer comparecer ante la vista de Bradamante su numerosa posteridad. Obedeciendo las órdenes de la maga empezaron á reunirse en un punto y bajo diferentes trajes, un número considerable de espíritus elegidos, no sé si procedentes del Infierno ó de otro lugar. En seguida Melisa hizo que la doncella se colocara en un punto al rededor del cual habia trazado un círculo de mayor diámetro que su altura; la proveyó además de un excelente talisman á fin de que la respetaran los espíritus, y encargóle que callara y permaneciera inmóvil. Hecho esto, cogió un libro y conjuró á los demonios.
De repente empiezan á salir de la primera cueva numerosos espíritus, que se fueron amontonando al rededor del sagrado círculo: en vano era que intentasen penetrar en él; pues un poder misterioso se lo impedia, cual si estuviera resguardado por fosos y murallas. Las sombras iban entrando sucesivamente en aquella estancia donde estaba la tumba que encerraba los huesos del gran profeta, despues de haber dado las tres vueltas á que estaban obligadas.
—Si pretendiera referirte los nombres y hechos de cada uno de los encantados espíritus que ves en tu presencia antes de que hayan nacido, dijo la encantadora á Bradamante, no sé cuando pondria fin á mi relato, porque no basta una noche para tanto; así es que me limitaré á indicarte algunos, segun el tiempo y la oportunidad.
»El primero que ves, y que se te parece en su semblante bello y placentero, será el tronco de tu familia en Italia, el digno hijo tuyo y de Rugiero. Espero ver la tierra enrojecida por la sangre de Pontier, derramada por su mano, y vengada la traicion y la perfidia de aquellos que habrán dado muerte á su padre. Por su valor se verá despojado Desiderio del reino de Lombardia, valiéndole tan notable hazaña el señorío de los estados de Este y Calaon.
»El que ves detrás de él es tu sobrino Uberto, honor de los combates y de La Hesperia, que más de una vez salvará á la santa Iglesia de los ataques de los infieles.
»Contempla ahí á Alberto, invicto capitan, que ostentará merecidos lauros: con él está su hijo Hugo, conquistador de Milan, que desplegará con honor el estandarte de las culebras[4]. Más allá vése á Azzo, que sucederá á su hermano en el reino de los insubres, y á Alberto Azzo, cuyos prudentes consejos serán causa de que se arroje de Italia á Berengario y á su hijo, haciéndose además digno de que el emperador Oton le conceda la mano de su hija Alda.
»Allí tienes á otro Hugo: ¡oh admirable descendencia, que sigue las huellas de sus virtuosos progenitores! Ese será el que castigue con justa razon el orgullo de los romanos, y libre de sus furores á Oton III y al Pontífice, apoderándose de la ciudad y de su castillo[5]. De ahí á Folco, que haciendo donacion á su hermano de todo cuanto tiene en Italia, pasa á gobernar otro gran ducado en Alemania[6]. Heredero por línea materna de la casa de Sajonia, próxima á desaparecer, contribuirá á mantenerla en su esplendor, y á que siga sosteniéndose en sus descendientes.
»Ese que se adelanta entre sus dos hijos Bertoldo y Alberto Azzo, es el segundo Azzo, más amigo de la galantería que de la guerra. Su primogénito vencerá al emperador Enrique II, enrojeciendo en sangre alemana los campos de Parma: al otro le harán digno sus virtudes de contraer con la gloriosa, casta y prudente Matilde[7] un enlace tan ventajoso, que además de llevar en dote casi la mitad del reino de Italia, alcanzará la honra, digna de tenerse en cuenta en aquella época, de enlazarse con la sobrina de Enrique I.
»He ahí á Reinaldo, hijo querido de aquel Bertoldo, el cual conseguirá la alta gloria de salvar á la Iglesia de las manos del impío Federico Barbaroja. Por allí se aproxima otro Azzo, que será el que posea á Verona con su hermoso territorio, y á quien el emperador Oton IV y el papa Honorio II conferirán el título de marqués de Ancona.
»No acabaría nunca si hubiera de designarte á todos aquellos de tus descendientes que, defendiendo el pendon sagrado, han de llevar á cabo portentosas hazañas en favor de la Iglesia romana. Mira ahí á Obizzo, á Folco; á otros Azzos y otros Hugos; á los dos Enriques, padre é hijo, y los dos Güelfos, uno de los cuales subyuga la Umbría, y viste el manto ducal de Espoleto. Ahí tienes al que restañará la sangre y curará las heridas de la afligida Italia, tornando en risa el llanto; de ese hablo, añadió designando á Azzo V, por quien será derrotado y muerto aquel Eccelin, tan funesto tirano, que, tenido por hijo del Demonio, aniquilará á sus súbditos y asolará el hermoso territorio de la Ausonia, y á cuyo lado parecerian varones piadosos y humanos Mario Sila, Neron, Cayo y Antonio[8]. El mismo Azzo derrotará al emperador Federico II, y regirá despues con cetro más feliz la hermosa tierra regada por el rio[9] desde donde Febo llamó con dolorido plectro al hijo que no supo guiar su ardiente carro, cuando se convirtió el llanto de las Heliades en fabuloso ámbar[10], y Cienus, cubriéndose de blanco plumage, fué transformado en cisne; aquella tierra le será dada por la Santa Sede como recompensa de sus señalados y notables servicios.