»Y, ¿dónde dejo al hermano Aldobrandino[11]? Ese héroe, por socorrer al Pontífice, no vacilará en atacar á Otton IV y á los gibelinos, que cercarán el Capitolio despues de haberse apoderado de todo el territorio vecino, sujetando á los habitantes de la Umbría y del Piceno; mas viendo que no le será posible continuar auxiliando á la Iglesia por falta de dinero, lo pedirá á Florencia, dejando en prenda, á falta de otra seguridad, su propio hermano. Desplegará en seguida sus banderas victoriosas, y destrozará el ejército aleman reponiendo en su silla al Pontífice, y castigando merecidamente á los condes de Celano. Tan activo guerrero se verá sorprendido por la muerte en la flor de su edad, estando dedicado al servicio de la Santa Sede.
»Su hermano Azzo heredará no solo los dominios de Ancona, Pisa y de todas las ciudades comprendidas entre el mar, el Apenino, el Isar y el Tronto, sino tambien la lealtad, virtud y grandeza de ánimo de su hermano, cualidades más preciadas que el mayor tesoro; pues estos los da ó los quita la fortuna, al paso que no tiene ningun poder sobre aquellos. Hé ahí á Reinaldo, cuyo valor resplandecerá con no menor brillo; pero la suerte le arrebatará la vida, envidiosa de la exaltacion de su ilustre prosapia. El duelo causado por su muerte resonará hasta aquí desde Nápoles, donde el valeroso mancebo se hallará en rehenes de su padre.
»Ahí viene Obizzo que, niño aun, sucederá á su abuelo en el gobierno de sus estados, acrecentándolos con la alegre comarca de Regio y la feroz Módena. Será tal su valor, que los pueblos le aclamarán unánimes por soberano. Mira á Azzo VI, uno de sus hijos, sostenedor de la bandera de la sagrada cruz, que por su matrimonio con la hija de Cárlos II de Sicilia, será duque de Andria[12]. Contempla ese gallardo y amistoso grupo, donde se reunen príncipes tan excelentes como Obizzo, Aldobrandino, Nicolás el Cojo y el amoroso y clemente Alberto. Por no entretenerte demasiado, dejaré de referirte cómo harán que se agreguen á su bello patrimonio Faenza[13] y Adria, ciudad que ha dado su nombre al mar agitado que la baña; el país conocido con un agradable nombre griego á causa de las muchas rosas que produce[14], y la ciudad que, elevada en medio de lagunas cenagosas, está siempre temiendo los desastrosos efectos de las dos bocas del Pó, donde habitan gentes deseosas de ver siempre enfurecido el mar y agitados los vientos[15]. Tampoco me ocuparé de Argenta, ni de Lugo, ni de otros mil castillos y ciudades populosas.
»Ahí tienes á Nicolás, elegido por el pueblo para el supremo gobierno de su país cuando aun no ha salido de la pubertad. Contra él agitará Tadeo la tea de la guerra civil, pero sabrá hacer completamente inútiles sus esfuerzos rebeldes[16]. Sus entretenimientos juveniles consistirán en el manejo de las armas y en los trabajos de la guerra; y acostumbrado así desde la infancia á los peligros que unas y otros ofrecen, llegará á ser la flor de los guerreros de su tiempo. Destruirá los planes de sus rebeldes súbditos, convirtiéndolos en daño de los mismos; y merced á su perspicacia, tan conocidas le serán toda clase de estratagemas que ninguna podrá perjudicarle. Tarde le conocerá por su desgracia Oton III, feroz tirano de Reggio y de Parma; pues Nicolás le despojará á un mismo tiempo de ambos estados y de su culpable vida[17]. Sus dominios irán siempre extendiéndose, sin que para ello se aparte del camino recto. A nadie causará jamás perjuicio alguno, como no se vea antes provocado; por lo cual el Supremo hacedor, satisfecho de sus virtudes, no pondrá límites á su elevacion, que irá en aumento mientras el mundo gire sobre sus ejes.
»Fija tu vista en Leonelo, y despues en el ínclito Borso, primer duque de Ferrara[18] y prez de su tiempo, que siendo amigo de la paz, alcanzará no obstante los triunfos más envidiables de cuantos se hayan visto en otros paises; pues conseguirá domeñar al sanguinario Marte, y encadenar al Furor. La única aspiracion de este príncipe consistirá en hacer la felicidad de su pueblo.
»Ahora se adelanta Hércules que, con el pié medio quemado y débil paso, reconviene al que va inmediato á él por haber impedido la fuga de Budrio, aun cuando este en premio le declarará luego la guerra y pasará hasta el Barco para arrojarle de Ferrara. Príncipe es ese de quien no sé explicarme si alcanzará mayor gloria en la paz ó en la guerra. Los habitantes de la Pulla, la Calabria y la Lucania, en cuyas provincias alcanzará un glorioso triunfo sobre el rey de Aragon, conservarán memoria de sus hechos; las repetidas victorias le harán famoso entre los más invictos capitanes, y con su valor recobrará un señorío cuya posesion le habrá sido disputada por más de treinta años. Cuanto agradecimiento puedan tener á príncipe alguno sus vasallos, se lo deberán á ese, no ya por haber convertido en campos fertilísimos lagunas cenagosas, ni por atender á la defensa de las ciudades amparándolas con muros y fosos, hermoseándolas además con templos y palacios, anchurosas plazas, teatros y otros mil monumentos, ni tampoco por haber sabido defender á su país de las garras del leon alado de Venecia, ni por sacarlo ileso de los tributos y desastres que ocasionará en toda la Italia la guerra con Francia: por ninguno de estos y otros beneficios deberán á Hércules tanto afecto y agradecimiento sus súbditos, como por la gloria que les proporcionarán sus ínclitos descendientes, el justo Alfonso y el benigno Hipólito. De ambos hermanos podrá decirse lo que la tradicion refiere de los hijos del tindáreo cisne[19], que se privaban alternativamente del calor del Sol para sustraerse mútuamente á los rigores de la maligna atmósfera que les rodeaba; pues cada uno de aquellos estará pronto á acudir en auxilio del otro aun á costa de su propia vida.
El afecto que se profesarán los dos hermanos hará que su pueblo esté más seguro y tranquilo que si por obra de Vulcano se rodeasen las murallas de las ciudades con un doble cinturon de hierro. Alfonso verá reunidas en sí la bondad y la ciencia de tal modo, que en los futuros siglos creerán los mortales que Astrea[20] ha vuelto desde el cielo á la Tierra, así como á ella vuelven sucesivamente el verano y el invierno. De mucho le servirán la prudencia y el valor, semejante al de su padre; pues desprovisto de ejército, llegará á habérselas por una parte con las escuadras de Venecia y por otra con la que no sé si llamar madrastra ó madre, aunque de concederle este último título, será para él tan cruel como con sus hijos lo fueron Medea ó Progne[21]. Cuantas veces salga con su pueblo fiel, sea de dia ó de noche, fuera de los límites de su país, otras tantas causará á sus enemigos derrotas memorables, tanto por mar, como por tierra, de lo cual darán fé por su desgracia los habitantes de la Romanía, que por haber hecho causa comun con los enemigos de Alfonso, regarán con su sangre las tierras que están entre el Pó, el Santerno y el Zanniolo. En los mismos confines sentirán la fuerza de su brazo los españoles, soldados mercenarios del Pastor Supremo, á quienes arrebatará la Bastia, dando muerte á su gobernador despues de apoderarse de él; en seguida hará perecer á toda la guarnicion desde el más ínfimo soldado hasta el capitan, de suerte que no habrá quien pueda llevar á Roma la noticia de tal desastre[22].
»Ese mismo Alfonso, con su valor y prudencia, alcanzará la gloria de dar el triunfo al ejército francés en los campos de Romanía contra los de Julio II y de España, cuyo combate será tan terrible, que los caballos se hundirán hasta la silla en la sangre de los muertos, y no habrá gente bastante para enterrar á tanto Aleman, Español, Griego, Italiano y Francés como allí sucumbirá.