—No es necesario ni conveniente que sepas más. Conténtate con saborear las dulzuras que en sí encierra el brillante cuadro que he presentado ante tu vista; y no desees amargarlas á lo último. En cuanto aparezca en el cielo el primer albor matutino, emprenderemos juntas el camino que más directamente conduce al castillo donde gime Rugiero bajo el poder de otro. Yo te guiaré hasta dejarte fuera de esa áspera selva, y cuando lleguemos á la orilla del mar, te enseñaré el camino de modo que te sea imposible extraviarte.

La atrevida jóven permaneció toda la noche en aquella cueva, y estuvo hablando largo rato con Merlin, que le dirigió vivas instancias á fin de que cuanto antes acudiese en auxilio de Rugiero. Apenas empezó á rayar el dia, salió de aquella mansion subterránea por un camino oculto y oscuro, acompañada de Melisa, yendo á parar á un barranco escondido entre montes inaccesibles á toda planta humana. Saltaron zanjas, atravesaron torrentes, y á fin de hacer más agradable tan molesto camino, procuraron mitigar las fatigas que la marcha les causaba, suavizándolas con sabrosas y halagüeñas pláticas, que consistian principalmente en los medios de que deberia valerse Bradamante, y en los que la aleccionaba la Maga, para libertar con maña y astucia á su Rugiero.

—Aunque fueses Palas ó Marte, le decia, y llevases á tus órdenes más gente de la que reunen el rey Cárlos y el rey Agramante, no podrias resistir al nigromante; pues además de estar ceñida la roca inexpugnable de murallas de acero, y de ser tan alta; además de que su caballo se abre camino al través del aire, donde salta y galopa, posee el escudo mortal que, apenas descubierto, hiere los ojos del que lo mira con su resplandor irresistible, quita la vista, y se apodera en tal grado de los sentidos que es forzoso caer en tierra desfallecido. De su brillo no podrás precaverte al combatir teniendo cerrados los ojos; pues entonces, ¿cómo podrias saber en lo más fuerte de la pelea si te acercabas á tu adversario ó te alejabas de él? Un medio, y muy rápido, existe, sin embargo, para huir del fulgor que deslumbra, y para hacer vanos todos los demás encantos, y ese medio que voy á indicarte, es el único que existe en el mundo. El rey Agramante de África ha dado un anillo, robado á una reina de la India, á uno de sus barones llamado Brunel, que se encuentra á pocas millas de aquí: la virtud de ese anillo es tal, que quien lo lleva en el dedo no ha de temer maleficios ni encantos. Sin embargo, Brunel es tan experto en toda clase de hurtos y engaños, cuanto lo es en encantamientos el raptor de Rugiero. El rey Agramante, confiado en la práctica y astucia de Brunel, y en el auxilio del anillo, más de una vez probado en cosas semejantes, le ha dado el encargo de sacar á Rugiero de aquella fortaleza; y Brunel, vanagloriándose de conseguir su intento, ha prometido á su señor devolverle aquel guerrero, que merece toda la preferencia del monarca. Pero á fin de que sea á tí, y solo á tí, á quien deba tu amante su libertad, voy á manifestarte la conducta que has de seguir. Irás durante tres dias caminando por la orilla del mar, que descubriremos dentro de pocos instantes: al tercer dia te encontrarás en una posada con el portador del anillo; le conocerás fácilmente por su corta estatura que no llega á seis palmos, y por su encrespada cabeza; su cabello es negro y atezada su piel; la faz pálida, la barba desmesuradamente larga, saltones los ojos, la mirada torva, aplastada la nariz y ásperas las cejas. Terminaré la pintura que de él te hago diciéndote, que sus vestidos son estrechos y cortos y semejantes á los de un mensajero. Procurarás entablar conversacion con él hablándole de aquellos encantos extraños; y hazle creer que deseas, como en afecto lo desearás, medir tus armas con las del mago, pero guárdate de darle entender que tienes noticia del anillo que destruye toda clase de encantos. Él, entonces, se brindará á servirte de guia y compañero hasta la roca. Síguele, y en el momento en que llegueis á descubrir el castillo, dále la muerte, sin que la piedad detenga tu brazo hasta que pongas por obra mi consejo. Sobre todo, cuida de que no adivine tu pensamiento y tenga tiempo de hacer uso del anillo; porque desapareceria de tu vista en el momento en que se lo metiera en la boca.

Hablando de esta suerte, llegaron al mar, donde desemboca el Garona cerca de Burdeos. Allí se separaron ambas, no sin derramar algunas lágrimas, y la hija de Amon, que no tenia sosiego hasta conseguir romper las ligaduras que sujetaban á su amante, caminó tanto, que llegó una noche á un albergue donde ya se encontraba Brunel.

Le reconoció apenas le hubo visto, pues llevaba bien impresa en la memoria la pintura que de él le hiciera la Maga; preguntóle de dónde venia y á donde iba, cuyas preguntas satisfizo él con otras tantas imposturas. La doncella, prevenida de antemano, no le fué en zaga en engañarle, y le ocultó del mismo modo su patria, linage, religion, nombre y sexo. Temerosa siempre de ser robada, ni separaba sus miradas de las manos de Brunel, ni dejaba que se le acercase demasiado, por lo mismo que conocia sus mañas. Observándose estaban mútuamente, cuando hirió sus oidos un fuerte rumor, cuya causa os diré, Señor, luego que haya descansado un momento.

CANTO IV.

Bradamante vence en singular batalla al viejo Atlante, valiéndose del anillo misterioso, y pone en libertad á su Rugiero.—Cabalga este en el Hipogrifo, que remontándose hasta el cielo, le transporta á regiones remotas.—Llega Reinaldo á Bretaña, cumpliendo las órdenes de su rey, y se le ofrece en seguida ocasion de salvar á la princesa Ginebra.

Aunque el disimulo es siempre reprensible por dar indicios de mala condicion en quien lo usa, sucede, sin embargo, que en más de una ocasion ha producido evidentes beneficios, y hasta evitado daños, querellas y muertes; pues no siempre hablamos con amigos verdaderos en esta vida mortal, llena de envidia y más intranquila que serena. Si para encontrar uno de aquellos en quien puedan depositarse los secretos y las penas del corazon se han de hacer antes muchas pruebas y pasar no menos trabajos, ¿qué conducta deberia observar la hermosa amiga de Rugiero con aquel Brunel tan poco sincero, y de cuya astucia y disimulo le habia advertido de antemano la Maga? Disimular á su vez, tal como era necesario con aquel que podria pasar por padre de la mentira; y segun dije antes, no separar los ojos de sus manos diestras y rapaces.

Cuando se oyó el rumor que he indicado, exclamó la doncella, dirigiéndose con presteza al sitio de donde procedia:

—¡Oh Madre gloriosa! ¡oh Rey del Cielo! ¿qué podrá ser eso?